• Diego Marqueta

A Través del Espejo

-«¿Me guardas el iPhone un momento?» Me lo pidió con gesto lánguido, al verme terminar una serie de levantamientos en el gimnasio.

Le dije que naturalmente. Yo estaba más pendiente de recuperar respiración, mientras colocaba en su lugar las mancuernas, que de plantearme si la funda de su móvil estaba recubierta de plomo que le impedía llevárselo en la manita a donde fuera. Naturalmente, amiguitos, el diablillo del ego me chivaba que aquello debía de ser algún truquillo para luego charlar. Bueno. Bien. Somos animales sociales. Y no me miréis así, que habrías pensado lo mismo. El caso es que regresó al cabo de unos minutos, nuevamente acompasada con el fin de mis repeticiones. -«Gracias». Y fu. Como el gato. Ciao bacalao. Mi cara era una mezcla de Luis de Funes y Peter Sellers.

Que yo al gimnasio voy a lo que voy (entrenar, que os veo venir). Pero la situación requería alguna explicación… que ni llegó ni tampoco busqué. Hasta unas semanas después. La vi en las taquillas y le pregunté.

No la razón por la que quiso que le guardase el móvil. Sino por qué yo. -«Ah, es que hay que ir con cuidado. Tú me parecías de fiar».

Y aquí se me abría un misterio aún mayor: qué le hacía tener ese criterio.

Conocer qué hay «al otro lado del espejo», como en la continuación de «Alicia en el País de las Maravillas», de Lewis Carroll («A través del espejo y lo que Alicia encontró allí»).

Por cierto, el amigo Lewis, matemático, se sacó de la manga los Diagramas de Carroll: parecen una chorrada, pero son base importante en lógica / silogismos matemáticos. De hecho, en el cole nos enseñaban todo esto de los conjuntos disjuntos. Pero como luego nos embobamos con mil impactos se nos olvida. No pocas averiguaciones en literatura de detectives se basan en esto. Y acertijos, ni digamos. Realmente nunca sabemos las motivaciones de quien tenemos delante. Por eso es tan chungo lo de prejuzgar o hacer suposiciones. Rara vez sabes lo que sucede al otro lado del espejo.


Por ejemplo, a ese otro lado puede que tengas a alguien del público mirando el móvil.

Si tu presentación es suficientemente buena, te preferirá a ti y no a su pantalla.

Además ¿y si tiene a su madre o su padre en el hospital y está comprobando cómo está, porque aun así ha querido estar ahí escuchándote? (lo menciono en este punto del coloquio). Por eso entiendo que es responsabilidad del presentador el concitar el interés de todos.

Rembrandt - blog Diego Marqueta
¿Enviándose mensajes? ¿Jugando? O quizá son prejuicios nuestros y en realidad están investigando más sobre Rembrandt.

O como cuando prejuzgamos esa foto por internet de unos adolescentes en el museo Rijksmuseum d'Amsterdam (2014): De fondo, "La Ronda nocturna" de Rembrandt; en primer plano unos adolescentes mirando el móvil.


¿Y si están atediendo a una actividad escolar que consiste en averiguar datos adicionales sobre esa obra? Volvamos a la chica del gimnasio. Que seguro que tú también andas ya inquieto por conocer. -«¿Y por qué consideraste que yo soy el de fiar?»

Y la respuesta llegó desde ese otro lado del espejo. Como una caricia a alta velocidad. O sea, una h05t1A dialéctica de las que te convierten en un diapasón resonante y andante con cara de José Luis López Vázquez. -«Porque se te ve mayor».

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