• Diego Marqueta

El Equinoccio de la Comunicación

Actualizado: 26 de ago de 2019

Ideas. Emoción. Resonancia.

Los equinoccios se definen como la intersección entre el plano ecuatorial de la Tierra y el plano de la eclíptica (el “recorrido” aparente del Sol a lo largo de un año respecto al “fondo fijo” de las estrellas).


Resonancia es la línea en que se cortan el plano de las ideas y el de la emoción

El plano (ecuatorial) de las Ideas.

En los congresos nos tragamos datos en densas diapositivas proyectadas que llegan a convertirse en presentaciones “epilépticas”. Especialmente en el entorno industrial, omitimos el concepto emocional. Al fin y al cabo, pensamos que los números hablan por sí mismos y no deberían ser maquillados con ningún tipo de enfoque emocional.

O sea, que a menudo hacemos las presentaciones para nosotros mismos y no para los que nos escuchan. Y mucho menos pensando en generar una reacción, una decisión.

¿Para qué es este proyecto importante? ¿Cómo va a mejorar la vida de quienes nos escuchan?

No es lo mismo “leerle” que “contarle” un cuento a un niño. Puedes hacer la prueba copiando el cuento en un lector automático y dejarle con ello mientras vas a otra habitación. Y durante nuestras presentaciones, la audiencia ahí sentada tiene reacciones primarias muy similares a la infancia. No tolera el aburrimiento..


El plano de las ideas es como ese plano ecuatorial terrestre en el que discurre nuestro mensaje. Hay que identificar esa línea por la que nuestras ideas hagan resonar a la audiencia. Es decir, que presentemos las ideas en la misma frecuencia natural que ellos. Y, por tanto, vibren. Resuenen.


El plano (eclíptico) de la Emoción.

Nos ayuda a hacer nuestro mensaje memorable y a encontrar la línea de resonancia. Trasciende al lenguaje no-verbal o corporal. Y por supuesto, a la errónea y malinterpretada regla de que sólo el 7% de la comunicación es verbal, desmentida por el propio Albert Mehrabian (autor de los estudios en 1967 sobre comunicación inconsistente y comunicación no-verbal que originó este mantra difundido desde hace 50 años por gurús, inspiradores y coaches que no han ido directamente a la fuente).

El plano de la emoción funciona cuando ésta es sincera y existe al lado (ni delante, ni detrás) del mencionado plano de las ideas que da soporte y estructura. A no ser que seas Lord Sebastian Coe vendiendo una candidatura olímpica, mejor que tengas una idea sólida que sostenga tu presentación o comunicación.


Este plano de la emoción funciona como el de la eclíptica solar. Podemos elegir nuevamente entre múltiples enfoques pero sabemos que sólo unos pocos pueden ser coherentes con la idea que presentamos. Y menos son aún los que provengan sinceramente de nosotros. Presentar con emoción es lo contrario a fingir.

Una presentación es siempre un acto de honestidad. La emoción con que expresas tu mensaje viene limitada por tu legítima intimidad y el confort del público.

La línea de Resonancia.

Se trata de la intersección entre el plano de las ideas y el plano de la emoción.

Es el “camino amarillo” que te lleva hasta la tierra de Oz. Un ejercicio de sencillez y emoción que cala en tu audiencia. Teniendo la valentía de cribar y quedarte con lo verdaderamente esencial para que la audiencia pueda unir los puntos.

A lo largo de esta línea se condensan los conceptos que subyacen en la lógica de las presentaciones. Idea, forma, lenguaje, estructura, diseño y acabado. Adoptando características de concisión, sencillez, emotividad, credibilidad, sorpresa.

Lograr que la audiencia fluya con nuestro mensaje y sienta que, como en la Odisea de Homero, el viaje en sí es la recompensa. Porque tras una presentación exitosa la audiencia tomará decisiones y se producirán cambios que nos beneficien. Pero durante la presentación, esa audiencia, sencillamente, es más feliz.

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