• Diego Marqueta

Como dijo Herodes...

…las galletas María son las mejores.

(Anónimo. Cualquier clase de 5ºEGB allá por 1988)

Un poco de Historia

En el día de los Inocentes de ayer se conmemoraba un episodio de dudosa veracidad histórica, pero que sirvió para incentivar la celebración de la Navidad, apropiándose de las Saturnales: fiestas de desenfreno que se celebraban en Roma entre el 17 y 23 de Diciembre desde el 217 a.C. De esta manera, la Iglesia Cristiana se apropiaba de una fiesta pagana, generaba a los considerados sus primeros mártires y dulcificaba por contraste ese horrible episodio. Es de dudosa veracidad por diferentes razones:

  1. Teológicas. Este episodio es parte de ese 20% del contenido que sólo figura en el evangelio de Mateo. Éste y el de Lucas beben del evangelio de Marcos, anterior a ambos, el cual debería reflejarlo. Estos 3 evangelios se denominan sinópticos tras haber sido analizados visualmente en forma de columnas en la obra «Synopsis» (J.J. Griesbach, 1776). Exacto: el canon por el que se rige hoy la exégesis de la Iglesia Cristiana se basa en un análisis visual. O sea, que cuando subrayo la importancia de que una diapositiva o un resumen ejecutivo sigan reglas y métodos visuales, no es porque yo sea muy listo (que también); sino que viene de aquella época intelectual irrepetible que fue el siglo XVIII lo mires por lo musical (Bach, Mozart, Beethoven); lo matemático (Gauss-gran longaniza a final de Julio, Laplace, Euler, todos los Bernouilli); o lo filosófico-social (Rousseau, Kant, Hume). Mira por dónde, tal como comentábamos (al final del texto) hace un par de semanas , William Playfair se inventó entonces las gráficas tal como las hacemos con Excel. Para que nos hagamos una idea de la importancia de esa comparación visual que presentó el mencionado exégeta alemán Griesbach, ésta reveló que algo fallaba como para que hubiera pasajes en que Lucas y Mateo, sin conocerse ni tener acceso a El Rincón del Vago, coincidan literalmente en varios pasajes, contradiciendo a Marcos. Y de esta comparación surge consenso acerca de la teoría de las «dos fuentes» (C.H. Weisse, 1839): Mateo y Lucas beben no sólo de Marcos, sino que tienen una segunda fuente «Q» (por «Quelle» en alemán, acuñado por J. Weiss en 1890): una colección de dichos y discursos de Jesús, pero anterior a los evangelios coloquiales de Tomás y Felipe. Esta «fuente Q», aunque goza de consenso, sigue sin aparecer. Y como alguien se la encuentre, va a tener material para poner citas en diapositivas Powerpoint hasta que llegue el Apocalipsis (por si pensabais que iba a dejar de lado el evangelio de Juan…). Vamos, que iba a quedar el refranero como Cagancho en Almagro.

  2. Históricas. De haber existido este horrible episodio, el historiador judío Flavio Josefo (s.I) lo habría reflejado en sus crónicas sobre Herodes. Aquel no se cortó en contar las atrocidades que éste hacía (incluido cargarse a familiares, inluyendo hijos suyos) para conservar el poder concedido por Roma para reinar Judea, tras resistir a la invasión parta. Poder con el que fortificó el Palacio de Masada, visita obligada con unas vistas impresionantes del desierto y del Mar Muerto, para hacer frente a la amenaza expansionista de Cleopatra VII Thea Filopátor. Exacto, la de las películas. O sea, que de haber sucedid esa salvajada, Flavio Josefo la habría documentado con detalle.

  3. Demográficas. En aquella época, un asentamiento como Belén tendría unos 500 habitantes. Asumamos que ello equivaliese a unas 80 familias, de las cuales entre 5 y 10 tuvieran a una madre dando a luz ese año a un bebé. La matanza habría sido una atrocidad, sin duda. Pero teniendo en cuenta que de esos 5 ó 10, al menos 3 saldrían reggaetoneros, pues ya vamos viendo a todos que a lo mejor se le colgó un cartel algo excesivo como para durarle 2.000 años. Es que de hecho hay una cerveza que se llama Judas, pero nada ni nadie se llama Herodes. Para aludidos, ya sabéis, me mandáis un mail.

Simbolismo

Lo que nos queda de aquello: una celebración, un canto a la inocencia, simbolizado en el monigote actual que representa a esas «llufes» de la leyenda catalana: hadas traviesas que, silenciosas, se burlan de la gente inocentona.


Un símbolo que se expresa en la mayor simplicidad a base de unos trazos que recuerdan a un Índalo almeriense (edad del Cobre - Neolítico - 5.000 años a.C.): algo así como un «Inocente» pero bajo un paraguas (si me lo permiten las buenas gentes de Mojácar). Un símbolo que tenga la suficiente simplicidad para ser pintado por cualquiera en el abrigo de una cueva (porque no cualquier pintaba en las cuevas, como atestigua la calidad de las pinturas en Lascaux, Altamira, Albarracín, Batuecas...). Y por tanto se extienda como para crear un vínculo emocional.

O en civilizaciones siguientes, tan simple como para poder ser construido y expuesto para ser venerado o crear comunión. Como esos símbolos de suerte o de poder: una esfera, un símbolo Ying Yang, una cruz simétrica en ambos ejes, una cruz gamada(ya usada desde el Neolítico, aunque los nazis se la apropiaran en el siglo XX, vaciándola de cualquier otro contenido). Todos ellos, símbolos tallables y que acaban teniendo una curiosa propiedad de la mecánica de los sólidos rígidos (si no me falla la memoria sobre la aplicación del Teorema de Steiner): Sus momentos de inercia y sus productos de inercia resultan simétricos, al establecer el vértice del sistema de ejes en su centro de inercia.

En cristiano: que si le pinchas un palo de la manera que quieras, mientras atraviese dicho centro, te cuesta siempre lo mismo hacerlo girar.

Y esta propiedad es obvia en una esfera, pero no en esos otros símbolos.

Como dijo René Lavand: «Amo la simplicidad externa que cobija una gran complejidad interna».

El Fin de la Inocencia

La gracieta de las galletas María (primera línea de este texto, si ya te has olvidado) define a una generación de EGB: el ingenio para la palabrota escondida; las frases del programa «Un Dos Tres» en el patio del recreo mientras intercambias cromos. Ideas que van calando en nuestras mentes y suponen gradual y ordenadamente el fin de la inocencia. De un modo civilizado, siguiendo el orden natural de las cosas. Como cuando tu hija un día quiere que salgas de su habitación, tu hijo un día te encuentra menos gracioso y ambos te piden 20€ (cada uno) para pasar la tarde. Y espera a que te pidan las llaves del coche.

Algo así como cantaba Don Henley, con las síncopas de Bruce Hornsby al piano, en la que fue Grammy a la mejor canción de 1989 (época en que se premiaba a la música de verdad):

«Recuerda cuando los días eran largos bajo un cielo profundamente azul

(…) envenenados por cuentos de hadas veremos las nubes pasar

(…). Es el fin de la inocencia».

("The end of the innocence". Don Henley. 1989)

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