• Diego Marqueta

Papel no mojado

Me han encargado la conferencia de clausura de una jornada de un famoso centro de investigación. Tengo unas condiciones de contorno bastante claras: 40 minutos en los que inspirar para: [a] ser imaginativos en salidas profesionales desde la Ciencia; [b] comunicar Ciencia creando un impacto. Ya conocemos la herramienta para ello: contar historias. Pero falta la «herramienta que hace a la herramienta»: construirlo en un papel. Si eres mas de Youtube, puedes verme hablando de esto aquí.


Recuerda que el verdadero valor de un Post It está en moverlo de un lado a otro hasta que te convence el flujo de la idea. Ventaja de que pegue mal.

Con las primeras tablet salieron aplicaciones para tomar notas en reuniones o dibujar mapas mentales. En su momento probé de todo: Penultimate, Notability, Evernote, XMind, Mindjet Manager, etc. Hasta que se hizo imposible probarlas todas. Todas comparten la búsqueda de parecerse al papel. Pero las ideas y los retretes saben que el papel se hace imprescindible e insustituible.


Yo también estoy en la Cofradía de la Santa Moleskine.

Hasta la marca de cuadernos Moleskine (no eres un verdadero hipster gafapasta si no tienes tu cuaderno Moleskine y escuchas Radio3) sacó su propia app.


Entre el papel y el lápiz/tinta no hay una fase de microprocesadores, batería y pantalla. Entre nuestra mente y la idea plasmada todo funciona en modo analógico. La conexión entre nuestras ideas y el papel se cierra como un circuito a través de nuestro brazo. La mina se desgasta y transmite al cerebro que el proceso psicomotriz funciona. Que la mano deposita trazo de carboncillo en el lienzo. Que, buenas o malas (sólo el tiempo da el diagnóstico), las ideas están fluyendo y por tanto el cerebro se pone en modo coherente de seguir trabajando. Si el papel recibe ideas desde la mano, la mano pedirá al cerebro ideas. Así que cuando te atasques, lo mejor es coger el papel y el lápiz y ponerte a dibujar.


En el proceso de ordenar ideas creas tu propia sala de montaje. Saber qué quieres haber contado antes de los primeros 10 minutos. Qué elementos constituyen el viaje para los oyentes. Qué elementos se relacionan con su mundo real y qué elementos les hacen soñar.


Pasados unos días (o unas horas) revisas ese papel y qué ideas se consolidan o se descartan. Las ideas descartadas también cuentan una historia. Nada más valiente y elegante que una idea tachada. Que cuenta una historia en sí.


Porque de la misma manera que un reloj roto dice la verdad 2 veces al día, un papel mojado nunca es inútil.


Ya lo dijo Lao Tsé: «Un viaje de mil millas comienza con un primer paso». O con un primer Post-It.

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